Quieras o no, seas católico, protestante, budista, musulmán, agnóstico, descreído o ateo hasta la muerte, te vas a comer los turrones, el mazapán, el portal de Belén, los pastorcillos, el niño dios, la Tienda Recomendada y el buey, la estrella de oriente .. y lo peor los infumables, retrógrados y musicalmente abyectos villancicos, puestos en bucle, una y otra vez, en el hilo musical de las grandes superficies comerciales. Al final, los máximos garantes del artificial y obligado mantenimiento de la tradición navideña, no son los dirigentes de la Conferencia Episcopal, sino los gerentes de las los hipermercados.
También colaboran de forma notoria y altruista en esta trasmisión de las seculares tradiciones católicas los docentes que organizan, año tras año, los inevitables festivales navideños en colegios religiosos, laicos, públicos y privados de toda España. A todos nos han hemos vestido en el cole alguna vez (en mi caso con gran oprobio), de labradores, pastorcillos, Josés, Marías, pajes, reyes (afortunadamente el papel de niño Jesús estaba generalmente reservado a un inerte muñeco).
Esto ha sido así desde tiempo inmemorial; pero en los últimos años, habida cuenta de la afluencia a los colegios españoles de niños de otras religiones, razas y culturas; se planteaba el problema de qué hacer con estos niños no católicos. Al final, casi siempre se les ha intentado integrar en la fiesta de disfraces navideños, no sé muy bien si por el loable afán de que no se sientan discriminados o por puro proselitismo catequista. Claro, que a veces surgen problemas ..
A este chinito le habían dicho que tenía de vestirse de Rey Mago

..y a esta niña latina le dijeron que se disfrazara de lavandera

y te avisaremos en cuanto esté activa.












